Autor El poema
15 Març 2015 a 11:00

Amen

Amen

Amen

A quiénes no plegan voluntad, hieren,
los caprichosos en extremo, Dioses,
buscando cambiar, basta una sola cosa,
de arriba el estrado, sorprende sin verse,
el porqué los demonios, un ser tan pequeño,
mortal, y de cualquier instante, insignificante,
hombre, asolan las virtudes del ángel,
ya descienda Gabriel, ú bien San Miguel,
así, muere en soledad, porque el destino,
carantoñas que piden tantos clementes,
no congratan a quienes inmortales,
asombran los vicios, en la moneda del pan.

MBJ;
11 marzo 2015,
Alba de Tormes
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