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1 Desembre 2014 a 18:00

Quasimodo de Notre Dame

Quasimodo de Notre Dame

Quasimodo de Notre Dame

( 3:30 minutos de lectura aprox.)

El mundo es duro, cruel y triste. Tan sólo yo tu amigo soy, otro no existe…”  De Frollo a Quasimodo

Cuántas veces tu relación personal o profesional con alguien, se habrá desarrollado de forma defectuosa, porque única y exclusivamente te has enfocado y/o diste demasiada importancia a la primera experiencia que tuviste con ese alguien, o te dejaste influenciar por algunos comentarios negativos que te hicieron de esa persona antes de conocerla.

Una primera impresión que en su día percibiste como negativa, alejada de tus principios, tus valores, o de tu “superior” capacidad.

Te relacionas con alguien, ves cómo actúa, no te gusta, no le preguntas ni le aportas tu punto de vista, (quizás por falta de asertividad); pasas a suponer que esa persona no te puede aportar más, y a partir de ahí desaprovechas todo el aprendizaje que te puede proporcionar alguien que vive otra vida, y con otros talentos que probablemente jamás disfrutaras. A esa persona, ya la has etiquetado como a un Quasimodo de Notre Dame.

Después de esto, tu conducta con esa persona pasa a ser, digámosle, menos respetuosa. Incluso antes de pedirle algo, ya estás suponiendo que lo hará mal, porque esperas muy poco de él o de ella, y el caso es que en algunas ocasiones aciertas; y ese acierto, hace que se refuerce tu creencia de que esa persona es potencialmente nula.

Nunca le darás ya una segunda oportunidad; las bajas expectativas generadas durante la primera experiencia, o las causadas por la influencia negativa de otr@ u otr@s, no lo van a permitir. A no ser que alguien te abra los ojos, o veas a esa persona desarrollar otra tarea que se le dé especialmente bien, y encima pueda beneficiarte.

Te he hecho esta introducción, porque he tenido la suerte de vivir situaciones muy enriquecedoras dentro de algunas empresas.

Situaciones en las que he tenido que colaborar, o responsabilizarme de un grupo de personas, que ya me habían puesto en pre-avisado de que había alguien conflictivo, (bajo rendimiento, clima laboral negativo), en el grupo.

Algunos de los comentarios que me han llegado a hacer, han sido de este tipo; a ver si te suena alguno:

“Ten cuidado con este…”; “Ya verás como te deja tirado…”; “No le des mucha responsabilidad que…”; “No pierdas el tiempo con él…”

Si haces caso a este tipo de comentarios antes de dar a una persona la oportunidad que se merece, pasas a ser no mucho mejor que esos que te quieren quitar la oportunidad, de ser tú quien decida que hacer con tu confianza en relación a esa persona.

Esta es una forma de actuar es muy personal, pero por lo menos yo, parto de la base de que hay que entregar la confianza desde el principio, y después esa persona ya decidirá actuar de tal forma que yo siga manteniéndola, o la corte. Primero entrego y después valoro, porque…

…¿quién soy yo para decirle a alguien, o pensar, que se tiene que ganar mi confianza?…¿acaso mi confianza vale más que la suya para que tenga que ganársela?…

Con este principio de equilibrio de confianzas, puedo confirmar, que se puede llegar a conseguir apenas sin esfuerzo, que lo que son algunos “huesos duros de roer” para otros, trabajen con total normalidad contigo; entendiendo siempre que hay personas que no quieren mejorar por más que intentes llevarlo bien con ellos.

Si cuando miras a alguien, ves a un Quasimodo de Notre Dame solo porque ha fallado, o porque te han hecho comentarios negativos de él o de ella, lo más probable es que esa persona acabe dándote lo que esperas…que al final acaba siendo, poco o nada.

El tema de las expectativas, deberíamos tomarlo mucho más en serio. Pero no solo el tener unas expectativas de entrada más altas con los demás, sino también hacia nosotros mismos.

Cada vez que esperas poco de ti, acabas ofreciéndote ese poco y maltratándote a ti mismo como si fueras Quasimodo de Notre Dame.

 J.López

Coach especialista en procesos One to One

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